Mataora es la nueva pieza de Rosalinda Galán, una relectura feminista del mito de Carmen que transforma a la femme fatale en un símbolo de libertad colectiva. La canción combina pop alternativo con pulsos rituales, mientras el videoclip —un ritual visual de agua, fuego y cuerpos en movimiento— reúne a mujeres de distintas edades para reclamar un espacio sin mirada masculina.
Es una obra estética, emocional y conceptualmente poderosa, diseñada para audiencias que buscan música con narrativa, identidad visual y profundidad artística.
LA SURI irrumpe como un himno tunante: una copla eléctrica que mezcla tradición, descaro y beats de techno. Heredera de la voz flamenca y la fuerza de la canción popular, la artista despliega un personaje magnético que se mueve entre lo castizo y lo electrónico. Un homenaje a las suripantas en general y a las copleras en particular. Un desfile de mujeres de “dudosa reputación” que protagonizaron algunas de las coplas más icónicas de la historia. Ellas son: La Lirio, La Ruiseñora, La Chiquita Piconera, Lola Puñales. Mª Magdalena, La Zarzamora, La Caramba, Mª de la O, La Parrala y La Loba.
Este lanzamiento inaugura un viaje sonoro que transforma la copla en una fiesta contemporánea.
Junto con el lanzamiento, Rosalinda Galán presenta una campaña en Change.org “Justicia para Las Suripantas”, una invitación pública a reconocer el significado original de la palabra y hacer justicia a estas mujeres, sus voces y su labor artística. A través de firmas y difusión en Instagram y otras redes, convierte su música en plataforma de denuncia y de memoria cultural compartida.
Farsa Monea es un canto a la libertad y al amor propio. Un empujón para abrazar lo que somos en esencia, nuestra manera de sentir, de expresarnos y de compartirnos. Una representación coplera y electrónica que te grita: ¡Amigui, ahí no es! Un burofax de carácter urgente que nos saca de relaciones y espacios donde no se nos quiere de verdad.
Esta canción cuenta la historia de una niña que se creía demasiado poco, que creció buscando ser suficiente y que en medio de una copla descubrió que sólo tenía que ser ella misma.
El hilo conductor de toda mi vida ha sido la música y concretamente la copla como canción primera en la que reconocerme y desahogarme. La música, la letra y, sobre todo, la capacidad expresiva e interpretativa de sus artistas, fue una cuerda a la que agarrarme durante mi infancia y mi desarrollo como mujer.
El mensaje profundo de Farsa Monea ya lo adelantó Manuela Trasobares cuando gritó aquello de: – ¿de qué me tengo que disfrazar ahora? ¿de qué? -.
He amadrinado el estribillo de esta copla antigua dándole la vuelta a la intención original y convirtiendo esa amenaza en un arma arrojadiza. Si lanzas esta moneda al aire, siempre te sale cara.
CU4RTO es un homenaje lírico a esas coplas que relataban, entre el despecho y la agonía, una historia de amor fugaz, de apenas una noche. Un guiño a Ojos Verdes y Tatuaje, en cuyos versos sus protagonistas se van derramando en pasión y melancolía a partes iguales.
Las fases de la luna marcan principio y fin a este encuentro sexual y efímero, eternamente recordado y retratado para siempre en una canción que fusiona los anhelos más clásicos con el flow más contemporáneo.
De los 14 a los 17 años viví una relación de malos tratos. Era mi primera pareja y yo siempre había escuchado el refrán “quien te quiere, te hará llorar”, así que me confié a este dicho como hecho.
Esta canción es un llanto y una venganza. Durante muchos años me creí que mi voz no valía y que sus constantes imperativos para callarme tenían razón. Durante otros tantos me dediqué a sanar, esforzándome en perdonarle.
Cállate es una canción que me salva a mí y que no lo perdona a él. Porque no lo necesito. Porque como bien dice Simone Weil “es imposible perdonar a quien quiera que nos haya hecho daño si el daño nos ha rebajado. Tenemos que pensar que, más que rebajarnos, nos reveló nuestro verdadero nivel”.
Cállate es, entonces, una gran revelación.
Sonaba Torre de Arena en el interior del Fiat Tempra de mi padre. Aparcado en la cochera de nuestra casa, se convertía en mi equipo de sonido. No tendría Dolby Surround pero era un buen refugio coplero.
-Como una fuente callada y sin vida, como el barquito que pierde el timón, como flor del rosal desprendida, está dolorida mi pobre ilusión- gemía y cantaba Marifé en la cara A del cassette. Yo cerraba fuerte los ojos para escapar de aquel coche y trasladarme a un Teatro repletito de público. Cantaba y me rompía y seguía cantando porque cantar me recomponía. Porque cantar siempre fue para mí un salvavidas, un lenguaje, un camino.
Pero, ¿qué es una folclórica sin su madre del brazo? Mi madre siempre aparecía en este sueño, entre bambalinas, observándome con esa cara de admiración con la que lleva acompañándome toda la vida. Y es que el sueño de ser una folclórica no sólo significaba cantar en teatros y comprarme unos corales de oro del güeno, significaba también salvar a mi madre. Y ésta, señoras y señores, ha sido una de mis principales metas en la vida.
Muy mala herencia ha tenido la Canción Andaluza, posteriormente llamada Canción Española, y que se convertiría después en la famosa Copla. Y es que resuena este nombre con una especie de caspa, de señoras asociadas a cierta corrientes políticas diestras (y siniestras) que nada tienen que ver con el ejercicio de esas folclóricas, copleras, cupletistas, sicalípticas y Diosas que el siglo XX nos regaló en este país. Mujeres económicamente independientes, socialmente libres y artísticamente brillantes en las épocas más oscuras de España. Mujeres creadoras, atrevidas y valientes que rompieron moldes con su voz y su carisma.
No es mi intención hacer un viaje al pasado. Sí lo es aprovechar toda esa inspiración folclórica y empoderadora para dar a luz a una Nueva Copla. Una digievolución electrónica para exorcizar el cuerpo y florecer.
Este EP es una declaración jurada. Una promesa pasada y presente que abraza al futuro, donde la electrónica y la raíz se enamoran. Una deuda con esas mujeres galantes, gamberras, supremas y talentosas que nos abrieron las puertas de lo prohibido, de sentir a gritos, de llorar cantando, de sostener la peineta como costaleras de grana y oro.
Este EP es un lazo intergeneracional que une a las abuelas con las nietas, a los hijos con sus madres y a todas y todos danzando y sacudiendo los lunares.
Este EP es un abrazo a mi tierra y a mi acento, tan bello y tan castigado, identidad y patria que exhala en las eses finales.
Este EP engloba distintas partes de lo que soy. Es un regalo a mi madre y a mi hermana.
Este EP me representa. Es el sueño de mi vida compartido con todas las personas que queráis abrazarlo.
PDATA: Si no te gusta la copla, tienes que escuchar este disco
Rosalinda Galán es mi nombre de nacimiento porque mi madre me parió folclórica. Escribo, canto y sobre todo siento y viajo a través de las canciones.
La copla es para mí un sistema de propulsión, una consulta de terapia, una fiesta de la que no me arrepentiré al día siguiente. Desaliento y desahogo. Magia y certeza.
He sido María de la O, la Parrala, la Ruiseñora, la Niña de Fuego, la Salvaora y también la Loba pero ahora soy Rosalinda Galán y vengo a hacer justicia coplera.
Porque amo la raíz, sé que la raíz es mezcla.
Porque amo el folclore de toda esta tierra nuestra: bailemos.